Por Rita Sánchez
Puebla no necesita presentación, pero sí escaparate. Y eso, justo eso, es lo que está pasando en el Tianguis Turístico de Acapulco: el estado no solo llegó a lucirse, llegó a hacer negocio.
Porque una cosa es decir que tenemos historia, mole y talavera… y otra muy distinta es colocar esa riqueza en el mapa internacional, con vuelos, convenios y acuerdos que sí generan lana. Ahí es donde empieza a cambiar la conversación.
Los convenios firmados con Oaxaca, Tabasco y hasta con agencias internacionales como Viajes El Corte Inglés no son foto para redes: son puertas abiertas para que Puebla se venda en más de 10 países. Y si alguien cree que eso es menor, basta ver cómo productores locales ya están colocando mezcal poblano en Japón o Colombia. Eso ya no es promoción, es exportación de identidad.
Pero esto no es casualidad. Hay una estrategia detrás. El gobierno de Alejandro Armenta le está metiendo al turismo como lo que es: motor económico. No solo es discurso de “Puebla bonita”, es inversión, conectividad y negocio.
Ahí están los datos: en junio se suman 12 nuevos vuelos desde el Aeropuerto Hermanos Serdán, con participación de capital privado que está apostando por el estado. ¿Qué significa eso en términos simples? Más turistas, más movimiento, más consumo… y sí, más empleos.
Porque el turismo no vive de likes, vive de gente que llega, se queda, come, compra y regresa.
Y hay otro punto clave que no se está dimensionando lo suficiente: Puebla será sede del Tianguis Turístico en 2027. Traducido: el próximo año, todos los estados de la República, compradores internacionales y miles de visitantes estarán aquí. Eso no es cualquier evento, es una derrama económica brutal para hoteles, restaurantes, transporte, servicios y comercio local.
Es, literalmente, poner a Puebla en la vitrina más importante del turismo en México… pero ahora jugando de local.
Y aquí entra algo que no debemos olvidar: Puebla tiene con qué. No es un destino improvisado. Es una ciudad con historia de siglos, con una cocina reconocida a nivel mundial, con pueblos mágicos, con cultura viva y con una ubicación estratégica que muchos quisieran.
Lo que faltaba —y parece que ahora se está construyendo— es ordenar esa riqueza y salir a venderla con inteligencia.
Porque sí, Puebla siempre ha sido hermosa… pero ahora empieza a ser rentable.
Y esa es la diferencia entre un destino bonito… y un destino que compite.



