En Puebla por fin estamos viendo obras que no buscan aplausos fáciles ni portadas de revista, sino justicia social. El gobernador Alejandro Armenta presentó los seis proyectos clave para 2026 y, a diferencia de los viejos tiempos del PAN y el PRI, aquí no hay “milpa”, no hay “moche”, no hay amiguismos disfrazados de infraestructura.
Hay memoria: aquellos gobiernos inflaban costos, levantaban distribuidores para la foto y dejaban a los barrios sin agua, sin transporte y sin servicios. Obras grandotas… pero injustas. Hoy el giro es otro.
Cablebús: movilidad donde siempre se ignoró
Que lo principal sea el Cablebús tiene lógica: es para las zonas que siempre quedaron fuera del mapa. No es lujo, es necesidad. Es darle transporte digno a quienes llevan décadas caminando cerros porque los gobiernos anteriores preferían inaugurar avenidas para la foto, no para la gente.
Agua: ahora sí va en serio
423 millones de pesos para infraestructura hídrica en municipios olvidados. Algo que los de antes nunca quisieron hacer porque el agua no dejaba “comisión”. Hoy se invierte en pozos, redes y tanques: en lo básico, en lo que cambia la vida.
Educación, discapacidad y medio ambiente: pensar más allá del negocio
La Universidad del Deporte, el CIRE-SEDIF, el Ecoparque Flor del Bosque y el Astro Parque no son obras para presumir gigantismo. Son para que la gente viva mejor: deporte, rehabilitación, espacios naturales y ciencia para niños y jóvenes.
Sin glamour, sin tranzas. Con sentido.
La mitad del gasto público va a desarrollo social. Sí, a la gente. No a los cuates. No a las obras infladas.
Parece básico, pero en Puebla esto es casi revolucionario.
Mientras antes se construían obras para un pequeño círculo, hoy se construyen para los barrios, los municipios, la vida cotidiana. Son obras que quizá no deslumbren, pero que sirven, que faltaban, y que por fin ponen a Puebla en una ruta más justa.
No es relumbrón. No es negocio.
Es gobierno. Y ya hacía falta.




