No es un pleito político.
No es grilla.
Y tampoco es un ataque partidista, aunque desde el PAN quieran venderlo así.
Lo que ocurre en San Andrés Cholula es algo mucho más básico y más grave: las cuentas no cuadran.
El ahora exregidor Ray Cuautli puso el dedo en la llaga y lo hizo con números, no con consignas. Habló de una obra que pretende destinar 80 millones de pesos para pavimentar apenas 2.7 kilómetros de vialidad. No es una cifra menor. Es un monto que, en cualquier municipio con sentido común, amerita lupa, auditoría y explicación pública.
Pero no se quedó ahí.
El propio coordinador de gabinete fue más lejos: denunció la intención de gastar mil millones de pesos para intervenir solo ocho calles. Ocho. No un programa integral, no una estrategia urbana de largo alcance. Ocho vialidades con un costo que parece diseñado más para inflar contratos que para resolver problemas reales.
¿Eso es política?
No. Eso es sentido de justicia.
Cuando pedir cuentas incomoda
La reacción fue inmediata y predecible: descalificación, victimismo y el viejo recurso de acusar “golpeteo político”. Como si exigir transparencia fuera un delito y no una obligación democrática.
Lo verdaderamente incómodo no es la crítica.
Lo incómodo es no poder explicar.
Porque cuando una administración gobierna con claridad, los números se defienden solos. Pero cuando el gasto público se vuelve un laberinto, cualquier pregunta se percibe como amenaza.
Aquí no se está pidiendo imposibles.
Se pide lo elemental:
¿Por qué cuesta eso una obra?
¿Cómo se calculó?
¿Qué empresa ejecuta?
¿Qué beneficios reales tendrá para la mayoría?
Preguntas simples. Respuestas ausentes.
No es ideología, es dignidad
El pueblo cholulteca no está pidiendo discursos ni ruedas de prensa adornadas. Quiere ver sus impuestos bien administrados. Quiere calles funcionales, sí, pero también quiere saber que cada peso se gasta con responsabilidad y no con discrecionalidad.
Hablar de auditorías no es persecución.
Es humanidad.
Humanidad para quien paga predial, agua, derechos y contribuciones mientras ve cómo los millones se anuncian sin explicación clara. Humanidad para colonias que esperan servicios básicos mientras se concentran recursos en obras de dudosa proporcionalidad.
La transparencia no se negocia
San Andrés Cholula no necesita más propaganda.
Necesita claridad.
Si las obras son correctas, que se auditen.
Si los costos son justos, que se expliquen.
Si todo está en regla, ¿a qué le temen?
Porque cuando el poder se molesta ante la exigencia de cuentas, el problema no es quien pregunta.
El problema es lo que se intenta ocultar.
Y en San Andrés, hoy por hoy, el asfalto huele más a opacidad que a progreso.




