El cine mundial está de luto tras la partida de Robert Duvall, una de las figuras más respetadas y consistentes de la actuación contemporánea. El ganador del Oscar falleció este domingo 15 de febrero en su hogar de Middleburg, Virginia, a los 95 años de edad. Su esposa, la actriz y directora argentina Luciana Duvall, confirmó la noticia a través de un emotivo comunicado donde describió que el deceso ocurrió “tranquilamente, rodeado de amor y comodidad”.
La familia informó que no se realizará un servicio funerario formal. En su lugar, han invitado a los admiradores del actor a honrar su memoria de una forma que refleje su pasión por la vida: disfrutando de una buena película, compartiendo una historia en una mesa con amigos o apreciando la belleza de un paseo por el campo.
Un legado forjado entre clásicos
Nacido en 1931 en una familia vinculada a la Marina, Duvall se formó bajo la tutela de Sanford Meisner y debutó en la pantalla grande en 1962 como el misterioso Boo Radley en Matar a un ruiseñor. Sin embargo, su consagración definitiva llegó en 1972 con El Padrino, donde su interpretación de Tom Hagen, el leal abogado de la familia Corleone, le valió su primera de siete nominaciones al Oscar.
A lo largo de seis décadas, Duvall regaló al cine personajes inolvidables y frases que ya forman parte de la cultura popular, como el “Me encanta el olor del napalm por la mañana” de su coronel Kilgore en Apocalipsis. Su versatilidad le permitió brillar tanto en dramas bélicos como en historias íntimas, logrando la estatuilla de la Academia como Mejor Actor en 1984 por su papel de un cantante de country en busca de redención en Tender Mercies.
Maestro de la vigencia y la profundidad
A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Robert Duvall mantuvo una vigencia inusual hasta sus últimos años. En 2014, a los 83 años, recibió su séptima nominación al Oscar por El Juez, consolidándose como uno de los actores más longevos en ser reconocidos por la Academia. Su talento no se limitó al cine; en televisión triunfó con producciones como Lonesome Dove y ganó dos premios Emmy por la miniserie Los protectores en 2007.
Además de su faceta como intérprete, Duvall destacó como director y guionista, especialmente en proyectos independientes como The Apostle. Su vida personal estuvo marcada por su amor al tango y a Argentina, país de origen de su esposa Luciana, con quien compartió sus últimos 20 años de vida. Hoy, Hollywood se despide de un actor que, en palabras de su viuda, “lo dio todo por la verdad del espíritu humano”, dejando una huella imborrable en la historia del séptimo arte.




